Dopaje indetectable, protagonista bajo sospecha del 2017

Por Bernardo Pilatti

Prensa/ESPN/Jabeando/20-12-2017.- «Basta creer en lo que sospechas, para que cualquier duda sea una certeza»… no busquen esa frase en la web. Termino de inventarla y hay una razón para el invento: el dopaje indetectable en el más alto nivel del deporte mundial. En nuestro caso, es el boxeo. Las revelaciones de la Agencia Mundial Antidopaje sobre el uso de sustancias indetectables y las respuesta del catedrático español Francisco José Berral , que presentamos en el episodio 1 y episodio 2  de la serie «La Cara Oculta del Boxeo», nos permiten darle vuelo a la sospecha y hoy comprender que en ese mundo ilegal, lo detectable es «la casi nada» y lo indetectable «es el casi todo».

El dopaje indetectable mediante la ingeniería genética, puede hoy estar definiendo títulos, decidiendo peleas y ayudado a escribir una historia de ficción, un legado de mentiras vaya a saber de cuantas figuras del primerísimo nivel. Así como el EPO construyó mucho de lo conocido y tal vez de lo desconocido de Shane Mosley. O fue la razón descubierta detrás de la gloria hoy inexistente del ciclista Lance Armstrong.

Pero eso que no sabemos, pero sospechamos, no solo estaría incidiendo en la historia falsa de los vencedores. Peor aún, está escribiendo la triste historia de los derrotados. Las verdaderas víctimas desconocidas.

Es una historia de ricos y pobres, príncipes y mendigos. Se parece a las películas, pero con una salvedad: este 2017 a todos nos enseñó que mientras los métodos de dopaje genético sean indetectables, mientras exista ese vacío legal y ético encima de la duda de penalizar o no esa forma de cobrar ventajas deportivas, a diferencia de las películas, esta historia seguirá careciendo de un final feliz.

Y tanto estaría incidiendo en nuestro día a día lo indetectable, que basta recordar algunos casos recientes de dopaje detectable en el boxeo de primer nivel, para comprender el alcance de nuestra denuncia.

LOS DETECTADOS 2017: PANTERITA NERY, LUIS ORTIZ y ANDRZEJ WAWRZYK

Cada año suceden episodios asociados al consumo de sustancias prohibidas que se convierten en escándalos, se aproximan a esa condición o encuentran una explicación. Siempre hay explicaciones y rara vez los acusados de culpables se auto incriminan. Todos, sin distinción, son inocentes aunque efectivamente hayan violado consciente o inconscientemente las reglas.

Una de esas violaciones emblemáticas, fue denunciada contra Floyd Mayweather en 2015. De acuerdo con una nota de ESPN, «Floyd Mayweather negó rotundamente las acusaciones relacionadas a recibir una inyección de una mezcla intravenosa de solución salina y vitaminas (prohibida bajo las directrices Agencia Mundial Antidopaje) en la víspera de su mega pelea contra Manny Pacquiao y que según un reporte del portal SB Nation, fue permitido por la Agencia Antidopaje de Estados Unidos a pesar de estar en contra de las reglas».

Que un reconocido defensor del boxeo limpio como Mayweather – autorizado o no – haya recurrido a lo prohibido antes de uno de los mayores fiascos en la historia del boxeo, hace olvidar sus buenas intenciones. Lo malo fue peor que lo bueno.

En el 2016, el premio al «infractor descubierto» se lo llevó un ruso: Alexander Povetkin. En dos ocasiones dio positivo en controles antidopaje. La primera fue en mayo antes de enfrentar a Deontay Wilder, cuando le fue detectada la sustancia prohibida Meldonium, esa vez, el CMB reconoció no tener elementos suficientes para enjuiciarlo, pero en diciembre del mismo año, otro análisis detectó en su cuerpo el esteroide anabólico Ostarine.

En este 2017 se produjeron tres casos de amplia repercusión en el boxeo. El primero fue en febrero cuando el polaco Andrzej Wawrzyk, previo a su pelea contra Deontay Wilder, dio positivo en el control antidoping de sustancias prohibidas por la VADA y fue suspendido.

Un par de meses después, otro rival de Wilder falló la prueba. Se trata del cubano Luis Ortiz, que ya había sido castigado en el 2014. En esa ocasión, a Ortiz se le había castigado con ocho meses de suspensión y se le retiró la faja interina que había ganado ante Lateef Kayode por dar positivo a Nandrolona.

El nuevo positivo del cubano, según el informe de la VADA, se debió a que el boxeador utilizó dos diuréticos (clorhidrato e hidroclorotiazida) que se encuentran dentro de sus sustancias prohibidas consideradas «agentes enmascarantes» que tienen el potencial de deteriorar o encubrir la sustancia prohibida en la orina.

El otro caso de mucha repercusión este año, ocurrió con el mexicano Luis «Panterita» Nery. Luego de vencer el 15 de agosto al japonés Shinsuke Yamanaka y arrebatarle el título Gallo CMB, la VADA notificó al Consejo Mundial de Boxeo que en una prueba fuera de competición le fue encontrada la sustancia «Zilpaterol», un estimulante similar al Clenbuterol, que se cree ayuda al desarrollo del músculo, aumenta el metabolismo, a la vez de alterar la fuerza, la recuperación y resistencia a la fatiga. La notificación de la VADA, determinó que se abriera una investigación por parte del organismo.

LAS CONSECUENCIAS BUENAS Y LAS CONSECUENCIAS MALAS

Cada caso de pruebas positivas tiene su propia historia y sus propias consecuencias. A veces, los involucrados «la sacan barata» y a veces no. Sin embargo, cada uno de estos episodios genera otras secuelas relacionadas directamente o indirectamente que alteran la buena marcha del boxeo como «negocio deportivo».

Veamos, como ejemplo, el caso de Deontay Wilder el monarca CMB de la máxima categoría. En poco más de un año, a Wilder se le cayeron tres peleas – defensas titulares – de primer nivel por una misma causa: sus tres rivales fallaron en las pruebas antidopaje (Povetkin, Wawrzyk y Ortiz).

Es una cuestión de sentido común entender que hubo un daño enorme a la carrera, a las finanzas y hasta la credibilidad de Wilder. No olvidemos que pese a sus 39 peleas ganadas, 38 por KO y ninguna derrota, al campeón CMB se le sigue cuestionando su verdadera calidad. Muchos alegan que solo ha enfrentado a rivales de tercer nivel. Es posible que así sea, pero es verdad que en eso poca culpa le cabe a Wilder, viendo esa situación de que tres rivales al hilo fallan el control.

El otro factor, es el económico. Esa falta de grandes peleas ha jugado su papel en ese combate deseado de unificación ante Anthony Joshua. Alegan que no ha peleado contra nadie para evitarlo y lo están evitando.

En el caso de Luis Nery, hay una justificación que ha sido utilizada en otros casos similares ocurridos en México, el consumo indirecto e involuntario de clenbuterol. Con Luis Ortiz, por su parte, se justificó el consumo de una sustancia prohibida, bajo la explicación de que el error fue no informar a las autoridades de la VADA el uso de una medicina prescrita para controlar su presión sanguínea llamada Atenolol.

Los dos casos tuvieron consecuencias atenuadas. Bajo la existencia del «Clean Boxing Program (CBP)», el CMB que ya había perdonado a Francisco Vargas, ahora hizo lo propio con Nery y Ortiz. El tijuanense no perdió el título gallo, pero deberá enfrentar nuevamente al japonés Yamanaka.

Ortiz, por su parte, perdió la oportunidad de enfrentar a Wilder, pero el CMB en cierta forma le dio la razón, le levantó la suspensión y lo mantuvo clasificado en el tercer lugar. Eso le permitirá, seguramente enfrentar a Wilder durante el primer trimestre del 2018.

No ocurrió lo mismo en la Asociación Mundial de Boxeo que lo consideró reincidente debido a su positivo de nandrolona en el 2014. La AMB lo suspendió por un año y le retiró la condición de retador mandatario de Anthony Joshua.

Hubo peleas canceladas, obligación de repetir combates de título, pugilistas beneficiados con la suspensión de otros, perdidas económicas, diferencias notorias en el manejo de estas situaciones entre los grandes organismos y confusión en el valor real de los exámenes de la VADA ¿Se decide de acuerdo con los mismos o se toman como referencia para suspender o perdonar?

Esa problemática surgida de las pruebas de control antidopaje, son apenas la punta alta del iceberg. Lo que se ve y mal o bien se resuelve. El dopaje es mucho más que eso y la esencia del problema es la parte de abajo del enorme tempano en el mar del deporte mundial: el dopaje indetectable.

Así como aquello que se detecta cambia todo el escenario a su alrededor, hay que imaginar el tamaño de lo que cambia aquello que no se detecta. Por ello, lo que no se ve es el verdadero problema y peor que eso, es que en lo inmediato no tiene solución. Es sin duda el protagonista del 2017. Pero no podemos probar que lo sea, apenas, como lo dice el título, mantenerlo bajo sospecha.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *