La función de los lanzadores fuera del montículo

Prensa/SWP/Jabeando/Deportivas/23-05-2018.- No porque un pitcher abridor aparezca en las estadísticas cada cinco días significa que de por medio haya un “tiempo muerto” o un descanso prolongado en comparación con el resto de los jugadores profesionales. Quizás el mayor esfuerzo en el análisis propio y del oponente lo realizan los iniciadores, pero un detalle que pasa desapercibido casi siempre es que son los mismos serpentineros los que deben recoger la información a ser evaluada por ellos mismos y por los técnicos del equipo.

Existen diferentes mecanismos de recolección de datos y constantemente evolucionan o nacen nuevas formas de estudiar el juego, amén de que el chequeo a través de las grabaciones de video está más vigente que nunca. Pese a ello, la tarea de observación hasta allí no está completa.

Enderson Franco, lanzador derecho venezolano de los Bravos de Atlanta en las ligas menores, ha demostrado un buen desempeño con Mississippi (doble A) en el inicio de temporada. Uno de los secretos, más allá de la velocidad de su recta, la colocación de sus pitcheos, su estamina o su variedad en el repertorio, es el análisis que realiza bateador por bateador entre una apertura y otra, para acrecentar el conocimiento de las capacidades y debilidades del adversario con el fin de aplicar efectivamente sus herramientas.

“Este año, los lanzadores de los Bravos tenemos que estar tres días en las gradas”, explica el oriundo de Anaco, estado Anzoátegui, a su agencia de medios Sport Web Publicidad. “Un día lanzas, al siguiente estás en el dugout y luego debes recoger información durante tres días en las gradas, para luego hacer tu siguiente apertura”.

Franco, abridor casi toda su carrera en las granjas de Atlanta, se ganó la oportunidad para el inicio de esta zafra como relevista por sus éxitos recientes en el béisbol  invernal con los Navegantes del Magallanes, pero los técnicos de los Bravos lo han devuelto a su tradicional función –primera vez para él en Doble A— por la suma de lesiones y movimientos en el roster activo, sumado a impecables apariciones como apagafuegos en sus primeros chances –varios de dos o más innings—donde probó lo mejor de sus condiciones.

Todo esto lo ha involucrado nuevamente en la rutina de los abridores de la organización, que cada año tiene alguna novedad.

“El primer día es para analizar todos los envíos: su tipo, su velocidad, el average, la máxima y la mínima”, advierte Franco. “En el segundo día en las gradas se profundiza un poco más sobre el rival y cómo trabaja a tu equipo: los lanzamientos que utilizan, la ubicación, la velocidad, en qué conteo lanzan qué, hacia dónde hubo contacto –si hubo— con qué fuerza y qué resultado”.

Pero la tarea más compleja sucede un día antes de volver a lanzar, con una realidad más próxima a lo que debe enfrentar el tirador.

“Ya el tercer día es como una suma de lo que hiciste en las dos fechas anteriores y es lo que más toma en cuenta el coach de pitcheo. A todo lo antes mencionado sumas los primeros pitcheos en strike, cuántos contactos, cuántos fouls, cuántos rollings, elevados, contactos en dos strikes y más cosas”.

A medida que pasa el tiempo, más y mejores son las formas de analizar un juego de pelota, aunque eso no signifique que la ejecución posterior será idónea. La preparación de los jugadores rompe los límites del estudio del béisbol cada vez, ampliando el mar de estadísticas y estrategias donde desencadena incesantemente un río de posibilidades y habilidades propias y contrarias.

“A nosotros nos colocan en ese rol para tener más precisión en la información que recogemos y absorbemos. Eso nos ayuda a los abridores a tener una noción más completa de cómo lanzar. Ya queda en manos de cada pitcher llevar lo estudiado a la práctica de forma adecuada”, expresa Franco con total claridad en su verbo.

Es momento de tener la certeza de que el trabajo de un lanzador comienza mucho más temprano de lo que se cree. Y no hablamos de horas, sino de días. No hablamos de sesiones de bullpen solamente, de ejercicios físicos, sino de varias hojas llenas de anotaciones.

Antes de hacer el primer lanzamiento de cada partido se requiere, como nunca antes y de forma creciente, tener un cúmulo de información que –vaya que sí– puede marcar una gran diferencia en el resultado.

“Hay que estar súper pendientes de todo detalle entre una apertura y otra”.

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