Cuento: “El último combate del herrero” (Primera Entrega)

Resumen por: Oscar Borges Prim
Presidente de la C.I.B.

Prensa/CIB/Jabeando/09-09-2020.- En esta primera entrega, nos referiremos al cuento1 «El último combate del herrero», del autor inglés Arthur Conan Doyle (22 de mayo de 1879 – 7 de julio de 1930), quien fuere el creador del famoso personaje de ficción, Sherlock Holmes.

En esta oportunidad Doyle nos habla acerca de una historia del pugilismo, ocurrida, según el autor, en la época Victoriana (Llamada así por la Reina Victoria, monarca británica desde la muerte de su tío paterno, Guillermo IV, el 20 de junio de 1837, hasta su fallecimiento el 22 de enero de 1901)

El autor referido, nos envuelve en una narrativa que transcurre en un evento de boxeo celebrado en la ciudad de Crawley, West Sussex, Inglaterra, a 45 km. del sur de Londres. Dicho evento se celebra al aire libre, resaltando el uso de sombreros y ropa de la época entre los caballeros, así como el uso de carruajes por parte de algunos de los visitantes y asistentes.

 

Un ring de boxeo improvisado, si se quiere, utilizando unos postes de madera para delimitar las cuatro esquinas del ring y unas cuerdas o mecates para designar las zonas del mismo, siendo que tales postes o mástiles se colocaban sobre la hierba o la grama.

Los contendores, púgiles o peleadores, son los siguientes: Crab Wilson, según el autor el campeón joven y, Jack Harrison, tío de Jim Harrison, quien inicialmente pelearía contra Wilson, pero fue sustituido segundos antes del evento por su tío Jack, quien fuere de profesión herrero, de allí el nombre del cuento.

La sustitución del rival generó un conflicto inicial entre los apoderados de los peleadores –descrito así por el autor en el cuento—lo cual no obstó para la celebración de la pelea, sobre todo tomando en cuenta que el retador ahora es de más edad que el campeón, lo cual supone en principio y en el boxeo, una ventaja.

El equipo de Crab Wilson está integrado por Lothian Hume, apoderado del boxeador y, el capitán Robert Barclay –Célebre peatón / Pedestrista de la época (De Pedestrianismo)2- quien funge de entrenador de Crab)

Por su parte, a Jack Harrison, lo representa Sir Charles, que es su apoderado. En su esquina cuenta con los boxeadores, ya retirados para el momento de la historia, James Belcher, también conocido como Jem Belcher, boxeador inglés a puño limpio, campeón del All England 1800-1805, Thomas Owen, boxeador inglés, apodado “El luchador petrolero” que ganó el campeonato de peso pesado de Inglaterra, en 1796, contra William Hooper, en Harrow, Inglaterra y, Samuel Elias, más conocido como Sam Holandés-Dutch Sam, pionero del boxeo profesional, activo entre los años 1801 y 1814. Conocido como el pegador más duro de su época, merecedor del apodo de «El Hombre de la Mano de Hierro»

Así comienza el combate, Harrison se resbala en el primer asalto– recordemos que pelean sobre hierba o grama– esto hace que la multitud se anime, pero no tiene consecuencias negativas para el púgil.

El referee o árbitro y juez a la misma vez, es Berkeley Graven (En esta época el referee hacía las veces de juez único)

Para sorpresa del público Wilson Crab cae en el segundo round, víctima de un gran puñetazo, que le da el boxeador más longevo, lo que hace que la multitud se alebreste.

Así transcurren 32 asaltos mis estimados lectores, en medio de una golpiza brutal que se dan mutuamente ambos púgiles (Reglas de la época), incluso en medio de un aguacero que por ningún motivo hace que el público se espante o que los púgiles aminoren el paso y la estamina.

Se arma una refriega en el público en virtud que el pronóstico que se tenía en las apuestas (Costumbre muy común en la época), ya se había roto, cuando el boxeador más viejo pasó el 8vo. round y seguía poniendo en tela de juicio la supuesta superioridad del más joven.

La refriega en cuestión, hizo que se cortaran las cuerdas del ring, señal en dicha época de que el combate había sido anulado.

Ya la esquina de Crab estaba a punto de tirar la esponja (Herramienta que en ese momento sustituía a la hoy conocida toalla), sin embargo, no se pudo saber quién ganó, pues aparentemente el mundo de las apuestas produjo un increíble revuelo –revelación que tuvo el autor, quien se anteponía a lo que hoy suele ocurrir, manchar el deporte con asuntos antideportivos.

De modo que, la mala fe y buena fe, siempre han existido y existirán en las actividades humanas, queda de nosotros conducirnos de la manera más digna posible para honrar está noble disciplina.

Para más, detalles recomendamos leer el cuento de este notable autor, extraído del libro “Cinco rounds para leer”, Editorial popular, Madrid 1992, páginas 7 a la 45.

Caracas, 9 de septiembre de 2020

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