Recordando al gran ídolo puertorriqueño, Héctor “Macho” Camacho

Prensa/CMB/Jabeando/24-11-2020.- Un día como hoy hace ocho años, el mundo del boxeo recibía una de las noticias más tristes y estremecedoras, la partida del gran ídolo puertorriqueño Héctor Camacho, aquel púgil que hacía cimbrar las arenas con cada uno de sus golpes, que se entregaba a su público y que subía al ring a dejar el corazón con valentía.

Héctor Camacho, mejor conocido como el “Macho” nació el 24 de mayo de 1962 en Bayamón, Puerto Rico, aunque al poco tiempo su familia decidió mudarse a Nueva York. Desde muy corta edad, se interesó por los deportes de contacto, al inicio practicó karate y después boxeo, deporte del que se enamoró y adoptó como forma de vida.

Después de una carrera amateur sumamente prolífica, Camacho comenzó un rápido ascenso a través de la clasificación profesional, primero en la división súperpluma y luego en las divisiones de peso ligero y súperligero.

El 7 de Agosto de 1983, se enfrentó a Rafael Limón por el título vacante súperpluma del CMB, una noche inolvidable en la que conquistó la corona en el quinto asalto.

Para 1985 Héctor se había fijado una nueva meta, conquistar el título ligero del CMB contra José Luis Ramírez en la luminosa ciudad de Las Vegas y después de un encuentro trepidante, “Macho” Camacho se coronó monarca ¿Y cómo olvidar aquella victoria en 1997, cuando noqueó a Sugar Ray Leonard en 5 rondas o el tremendo pleito que sostuvo contra uno de los mejores boxeadores Julio César Chávez?

Héctor fue también sin duda alguna una pieza clave en esta tradicional rivalidad entre México y Puerto Rico. Su última pelea se dio en Florida, en 2010 contra Saúl Durán. Desde el principio hasta el final de sus días como boxeador, Héctor “Macho” Camacho demostró pasión, entrega y dedicación por el deporte de sus amores.

Una estrella que desde hace algunos años se unió al brillo del firmamento, un boxeador que enamoró con su sonrisa y su carisma y a quien siempre recordaremos con entrañable cariño y admiración.

Por siempre: ¡Is “Macho” time!

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