Mike Tyson, ni tan grande

Por: José Cuevas
Correo: jecueva21@gmail.com

Prensa/Jabeando/04-12-2020.- Apreciados amigos, bienvenidos a otro conversatorio de la Confederación Internacional de Boxeo (CIB), hoy abordaremos varios temas, destacando el regreso de Mike Tyson, la caída de Daniel Dubois y estaremos recordando el veintisiete aniversario de la conquista del título mundial peso pluma del boxeador caraqueño Eloy Rojas.

Este año 2020, que para la mayoría Gracias a Dios se va con todo y su secuela de pandemia, nos dejó la reaparición del ex campeón mundial Mike Tyson, después de quince años de retiro, en exhibición que hizo contra otro múltiple excampeón Roy Jones Jr, en combate de exhibición realizado en Los Ángeles, Estados Unidos de Norteamérica.

El combate es declarado empate, pero fue evidente que Tyson dominó casi todos los asaltos de los 8 que disputaron a una duración de 2 minutos cada uno. A mi juicio el Iron Man se tomó más en serio su reaparición por muy benéfica que ella fue, ya que los dólares recibidos serían donados para centros de ayuda social.

Tyson lució bien de reflejo, tuvo destellos de ese estilo de atacar haciendo weaving y soltando sus bombazos, ahora menos explosivos pero aún fuertes, para un gladiador de 54 años de edad y quince de retirado, pero que se acondicionó física y mentalmente para tal fin.

Menos trabajado en estos aspectos estuvo Jones Jr, quien a partir del segundo asalto lució falto de aire y fuera de distancia y resintió cada impacto que su rival asestó al cuerpo y la cara.

La presentación, creo, llenó las expectativas. Fue entretenida y cada boxeador hizo lo que pudo, especialmente Tyson, cuya característica es siempre la de un guerrero. Pero, hay que decirlo, pensar que pueda ir a un combate real frente a los actuales campeones y retadores de los heavyweight es otra cosa.

Tyson es un peso completo bastante bajo de estatura (1 metro con 78 centímetros), en su mejor época, más joven, cayó ante boxeadores más altos, tal fue el caso cuando fue noqueado por Lennon Lewis (1,96 cm), Evander Holyfield (1,89), Janes Douglas (1,92). En verdad no tendría ningún chance, ahora con más edad, menos pegada ante los actuales gigantones Deontay Wilder (2,11), Tyson Fury (2,6), Anthony Joshua (1,98) o el mismo Joe Joyce (1,98) quien viene de noquear al prospecto francés Daniel Dubois (1,96)

Al menos que aparezca por allí un promotor agallúo y le ofrezca una sustanciosa bolsa de dinero para convertirlo, tal vez, en Campeón Mundial del Peso Completo de 4 rounds. Idea que no es nueva porque a mediados de los 90 hubo uno conocido como Butterbean (Mantequilla de Maní), Eric Scott Esch, conocido como el Campeón Mundial de 4 rounds. Scott hizo una figura muy pintoresca por cuerpo voluminoso, nada atlético, pero que tenía buena pegada, algo parecido al chicano Andy Ruiz, quien noqueó en forma sorpresiva al entonces campeón Joshua y luego perdió la revancha claramente por decisión.

Lo cierto es que el actual Mike Tyson pudiera tener algo de chance porque conserva todavía poder de puño, pero más allá de cinco asaltos no tendría vida, ni siquiera ante el subido de división Alexander Usyk.

Ese mismo sábado, en Londres, el favorito local Daniel Dubois perdió de manera sorpresiva ante el estadounidense Joe Joyce, convirtiéndose a su vez en otro prospecto de los actuales pesos completos. El rapidísimo Dubois se agenció los cinco primeros asaltos. De hecho, colocó los golpes más contundentes, pero se encontró una pared en esta ocasión, pues Joyce asimiló todo lo que le tiraron. Además, mantuvo la calma y jab, algo lento al principio, pero efectivo que le cerró el ojo Izquierdo a su rival.

A medida que avanzaba la refriega se podía apreciar un Joyce ganando en confianza, más certero y dañando más el ojo de Dubois. Para el décimo tramo, Joyce coló una combinación de puños sobre la cara de Dubois, uno de ellos dio en el ojo afectado y el inglés se arrodilló para esperar el conteo definitivo y así perder su invicto en 15 peleas.

Todo parece indicar que una revancha Dubois-Joyce es lo más idóneo para los próximos días. Y por lo apreciado el sábado, me parece que si el inglés hace una próxima pelea más inteligente podría recuperar sus fajas europeas que perdió por Kot ante el gringo.

Y para cerrar este diálogo CIB de hoy, nos vamos de historia para reseñar que, tal día como hoy, pero de 1993, el púgil caraqueño Eloy Rojas ganó la corono mundial del peso pluma reconocida por la AMB al coreano Young Kyun Park.

Con esta victoria, Rojas tomó doble venganza. Vengó la derrota que Park había infligido a su compatriota Antonio Esparragoza en el año 91 para despojarlo de la faja, y a la vez se desquitó de la derrota que le había infligido el mismo coreano cuando disputaba la faja perteneciente al asiático en septiembre del mismo año 1991.

Rojas se convertía en el tercer campeón mundial de las 126 libras que había tenido Venezuela para la fecha, 04 de diciembre de 1993. Luego hizo un total de seis defensas exitosas, hasta perder el campeonato ante el boricua Wilfredo Vásquez, en combate que parecía dominar hasta el desenlace desfavorable en el round 11. Esa pelea fue el 30 de marzo de 1991.

Eloy Rojas siguió boxeando, hasta que consiguió otra chance mundialista. Esta vez disputando la diadema reconocida por la NABF, pero salió derrotado por el campeón Hernán NGoudjo, quien lo noqueó en 8 capítulos. Esta fue su última pelea y jamás volvió a pisar un ring en forma oficial.

Rojas fue el tercer campeón mundial pluma nacido en Venezuela. Una división muy prolifera en grandes boxeadores nacidos aquí, donde le antecedieron Antonio Gómez, primer campeón mundial, 1971 y el mencionado Esparragoza 1987. Así como Simón Chávez, el Pollo de La Palmita, Víctor Adams “Sony León”, Pedro Gómez, Cruz Marcano, entre otros que no llegaron, por múltiples circunstancias, a campeones, pero que tenían el potencial indiscutible para serlos.

Bueno amigos, hasta aquí nos trajo el río histórico del boxeo. Será hasta la próxima edición de este Conversatorio CIB, Dios queriendo. Cuídense mucho que Coronavirus es bruto, no sabe leer, ni entiende flexibilización. Así que la orden es matricular. ¡Cháu!

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